DISCIPLINA POSITIVA EN LA EDUCACIÓN Y LA REHABILITACIÓN INTEGRAL

En el mundo acelerado, cambiante, desafiante y al mismo tiempo emocionante y provisto con tantas oportunidades nunca antes puestas al alcance de la mano para una gran parte de la población; en medio de sociedades cada vez más complejas, diversas y con cambios cada vez más acelerados en distintos frentes y en donde el campo de las emociones cobra cada vez mayor relevancia con sus repercusiones en todos los aspectos de la vida, lo que sin duda influye en la manera en que educamos a nuestros niños y más en una sociedad como la colombiana que se ha visto expuesta a un sinnúmero de violencias históricas, es un llamado urgente y necesario el que se nos hace si queremos brindarles a ellos las mejores posibilidades para vivir plena y felizmente.

Y es que un escenario tan rico por su variedad de opciones y de libertades como el que se despliega ante nuestros ojos, tantas que por su multitud pueden perderse el rumbo fácilmente entre las demandas y limitaciones que ofrecen los valores que mueven el mundo, como lo pueden ser el consumismo desmedido y el afán de lucro sin mayores miramientos que el beneficio propio, es por eso que se torna irrenunciable la opción de brindar un sustento sólido que les sirva a  nuestro niños  de plataforma de lanzamiento para explorar y vivir sin miedos a desplegar con toda su fuerza sus talentos y fortalezas.

Una revisión a conciencia de las alternativas que brinda la disciplina positiva abre nuevas ventanas de oportunidad, más cuando el común denominador en la educación de los niños,  en  una sociedad que ha vivido en guerra por décadas, es el autoritarismo derivado de modelos de educación donde prima la obediencia y la sumisión a la visión del adulto sin reparar en las condiciones, necesidades y posibilidades de los niños; son estas oportunidades para relaciones más profundas, significativas y otorgadoras de sentido en y para la vida; oportunidades que arroja la posibilidades de ver desde nuevos y más amplios ángulos lo que significa ser niños, terapeutas, padres o maestros, teniendo presente y con claridad lo que se busca y quiere al convivir e interactuar con estos seres maravillosos como los son nuestros hijos.

Pues bien, la disciplina positiva quiere esto, dar alternativas para disfrutar al máximo  la oportunidad de ser terapeutas, padres, maestros o de relacionarse con ellos, brinda la oportunidad  de reflexionar sobre nuestro rol y de lo verdaderamente importante en él y como brindar un nicho cálido, empático y propositivo para que en ellos crezca las ganas de vivir y aportar a la vida con plenitud, para ello es importante tener presente algunos de los pilares que dan sustento  este nuevo enfoque: el primero es poder ver más allá del momento o la situación concreta (una rabieta, una actitud determinada o un acto de mal comportamiento) y buscar una visión más global, un propósito a largo plazo o, mejor, una visión de lo que se quiere lograr cuando este niño se ya un adulto, esto ayuda a darle un valor más justo y proporcional a los pequeños desafíos que nos presentan en el día a día, lo que libera cargas y nos invita a cuestionarnos continuamente si nuestras decisiones y acciones nos están ayudando a conseguir darle forma a esta visión, una sencilla pregunta nos ayudará a ver mejor que queremos decir: ¿cómo me gustaría que mi hijo se comportase a los veinte años?

En segundo lugar, se encuentra la importancia de que los niños se sientan importantes, amados y valorados, a lo que se le llama calidez, la cual se construye en el tiempo en que se comparte con ellos, que se de calidad y en cantidad, resaltando sus logros, amándolos a pesar de sus equivocaciones, conociendo como piensan y sienten y lo que pueden y no pueden hacer de acuerdo con su edad; a su vez se les debe brindar una estructura que les permita conocer que se espera de ellos en su comportamiento y lo que pueden lograr, dando razones claras y comprensibles, apoyándolos para que formen un pensamiento independiente, teniéndolos presentes en el momento de tomar decisiones que los afecten.

Otra de las bases a tener en cuentas es saber cómo sienten y piensan los niños según su edad, esto es de gran importancia pues con ello sabremos conocer cuáles son sus alcances y cómo podemos adecuar nuestras exigencias a sus posibilidades, y así evitar caer en  una de las fuentes de ansiedad, enojo o frustración que se producen cuando no concuerdan nuestras expectativas con las posibilidades de nuestros niños. A esto se suma la posibilidad de solucionar problemas que no es otra cosa que saber o tener una noción de por qué un niño se comporta de determinada manera a esta edad y de esta forma poder conectar las situaciones que se nos presentan con las etapas de maduración del niños, sus intereses y necesidades de acuerdo a su edad, lo que brinda la posibilidad de ampliar nuestro campo de visión, deshaciendo posibles puntos ciegos y respondiendo de una manera serena, empática y proporcional a dicha situación, lo que a su vez brinda un modelo de conducta que el niño puede tomar como referente para cuando se le presenten episodios donde deba recurrir a lo aprendido de los otros para solucionar un problema.

Es de esta manera como vemos las grandes posibilidades que entrega la disciplina positiva para sacar el mayor provecho de esta gran oportunidad que se nos presenta al poder participar de la construcción de una nueva vida, ampliando nuestro grado de consciencia, de gozo y amor en esta relación, proporcionando bases sólidas y seguras para que nuestro crecimiento, el de nuestro niño y el de esta relación no cese.

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