Autocuidado del terapeuta como requisito para poder ayudar a otros.

El psicólogo como profesional se ve inmerso en muchos contextos que le demandan experticia teórica y práctica, que en su gran mayoría se logra consolidar en principio con una formación sólida acompañada de una experiencia enriquecedora, que con el tiempo lo equipan de herramientas para dar frente a las problemáticas que se le presentan en el campo profesional.

Sin embargo, el ejercicio de esta profesión nos lleva en muchas ocasiones a enfrentarnos a situaciones que comprometen no sólo un aspecto profesional, sino también el aspecto personal y muchas veces emocional. Donde a pesar del conocimiento y la experiencia el psicólogo da cuenta de cómo al estar al servicio de las personas, compromete indudablemente su dimensión como ser emocional, que no es indiferente ante las problemáticas y ante el mismo efecto que tiene en las personas su intervención, asumiéndola como una fuerte responsabilidad que debe asumirse en todo momento.

De esta forma, la labor como acompañante terapéutico involucra no solo el requisito de una preparación previa de conocimientos y experticia, sino, además, la plena consciencia de que puede enfrentarse a situaciones que lo lleven al límite de sus emociones, sentimientos y pongan a prueba su capacidad de resiliencia ante las dificultades.

Es una labor llena de enriquecimiento personal y profesional, donde quienes nos desempeñamos en este cargo lo hacemos con la firme convicción de lograr objetivos claros, con una alta responsabilidad profesional y amor en cada acción. Donde la remuneración económica es un agregado y el trabajo se convierte en un compromiso, en el que se establecen vínculos con el paciente, su familia y un trabajo interdisciplinar entre terapeutas de diferentes especialidades, movilizándose hacia un objetivo común que se define en el bienestar del paciente y la mejora de su calidad de vida.

En este camino, es importante que el psicólogo como profesional no olvide que para poder sanar a otros debe sanarse a sí mismo, esto significa estar al pendiente de las emociones que su trabajo despierta en él, muchas ocasiones puede llegar a sentir frustración, enojo, tristeza, desesperanza o preocupación. Por lo tanto, es claro que además de ser profesionales, existe un aspecto personal que está siempre presente, si el paciente golpea a su terapeuta como respuesta normal asociada a su diagnóstico, pueden darse en el terapeuta emociones encontradas y un sinfín de pensamientos que no pueden pasarse por alto.

Dado lo anterior es importante contar con estrategias para dar frente a estas posibles dificultades, sean espacios de ocio, ayuda terapéutica o acompañamiento de otros terapeutas guía que pueden unir sus experiencias como fuente de desahogo y recolección de estrategias. Esto para garantizar que podremos seguir dando lo mejor de nosotros como profesionales, sin olvidar que para ayudar a sanar a otros debemos sanarnos a nosotros mismos, y el no hacerlo de forma adecuada puede entorpecer el proceso terapéutico y nuestra labor como profesionales.

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